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lunes, 29 de mayo de 2017

"En la plaza" de Jacques Brel





EN LA PLAZA
En la plaza calentada por el sol
una chica se ha puesto a bailar;
da vueltas y vueltas, parecida
a las bailarinas de las cajas de música.
En la ciudad hace demasiado calor,
hombres y mujeres están amodorrados
y miran por la ventana
a esa chica que baila a mediodía.
Del mismo modo algunos días aparece
una llama ante nuestros ojos;
en la iglesia donde yo iba
se la llamaba el Buen Dios;
el enamorado la llama amor;
el mendigo, la caridad;
el sol la llama el día
y el hombre bueno, la bondad.
En la plaza vibrante de aire cálido,
donde no hay ni siquiera un perro,
ondulante como una caña
la muchacha brinca, va y viene.
Ni guitarra ni pandereta
para acompañar su danza;
ella da palmas
para marcarse el ritmo.
Del mismo modo algunos días aparece
una llama ante nuestros ojos;
en la iglesia donde yo iba
se la llamaba el Buen Dios;
el enamorado la llama amor;
el mendigo, la caridad;
el sol la llama el día
y el hombre bueno, la bondad.
En la plaza, donde todo está en calma,
una chica se ha puesto a cantar
y su canto planea sobre la ciudad,
himno de amor y de bondad.
Pero en la ciudad hace demasiado calor
y para no escuchar su canto
los hombres cierran sus ventanas,
como una puerta entre muertos y vivos.
Del mismo modo algunos días aparece
una llama ante nuestros ojos;
pero nunca queremos
dejar lucir su resplandor;
nos tapamos los oídos
y nos velamos los ojos,
no nos gustan los sueños
de nuestro corazón, ya viejo.
En la plaza un perro aúlla todavía,
pues la chica se ha marchado,
y como el perro que aúlla a la muerte
lloran los hombres su destino.
Traducción de Fermín Cabal, tomada de Jacques Brel; Ed. Júcar, Madrid, 1976, pp. 67-69.
COMENTARIO
Hay canciones cuyas letras tienen verdadera altura poética. Seguramente, pocos dudarán de que ésta es una de ellas.
“Del mismo modo algunos días aparece/una llama ante nuestros ojos;/en la iglesia donde yo iba/se la llamaba el Buen Dios...” ¿Es Dios una llama que aparece ante nuestros ojos algunos días? En todo caso, ésta es una de las maneras de representar las teofanías de más larga tradición; en la Biblia encontramos ejemplos en pasajes fundamentales (la zarza ardiente que vio Moisés cuando pastoreaba el rebaño de su suegro, las “lenguas de fuego” de Pentecostés), y también en la literatura mística de todos los tiempos (uno de los más conocidos, la Llama de amor viva de San Juan de la Cruz).
                Pero lo más interesante que nos ofrece la letra de esta canción, este poema, quizá no sea tanto la imagen de la llama como la de las ventanas que se cierran ante la belleza que surge de pronto ante los ojos y los oídos humanos y que, según parece sugerirse, podría transportarnos, si nos dejáramos llevar por ella, hasta otra dimensión de la existencia. Porque ésa es la experiencia que aquí se nos transmite: la de la belleza inesperada que irrumpe en el ámbito de lo anodino y que parece hablarnos de un más allá de nuestra experiencia cotidiana. Esta irrupción sólo parece ser captada por los ojos del poeta; éste se muestra sorprendido por la indiferencia general, a la que trata de encontrar una justificación: “no nos gustan los sueños/de nuestro corazón, ya viejo”.  Quizá si aún fuéramos capaces de abrirnos a esos sueños podríamos vislumbrar ese más allá; quizá entonces el “perro que aúlla a la muerte” no vendría a enseñorearse de nuestras vidas.
                La analogía entre la experiencia de la belleza, que puede darse de manera espontánea (por ejemplo, contemplando sencillamente el espectáculo de una muchacha que baila bajo el sol, en una plaza de una ciudad cualquiera) y el “Buen Dios” de Quien el poeta recuerda haber oído hablar cuando frecuentaba la iglesia puede inducir a pensar que se trata de lo mismo. Se nos presenta aquí un posible equívoco, ya planteado y resuelto por una de las escuelas de pensamiento que mayor importancia ha dado a la belleza como expresión de lo divino: el Neoplatonismo cristiano del Renacimiento. Como bien señala Eugenio Trías al comentar las concepciones al respecto de filósofos como Marsilio Ficino y Pico della Mirándola,  “Dios en Sí es algo incomunicable e invisible, tenebroso, que sume en ceguera y en tiniebla al ojo espiritual que a Él se orienta, sumiéndole en la “noche oscura”. La belleza es el velo de irradiación comunicable que, a modo de esplendor del rostro, cubre la abismal separación y trascendencia de lo divino con la ilusión de familiaridad, de inmanencia. Es ya en su más genuina aparición un velo, una apariencia, sólo que apariencia desnuda y sin mediación” (E. Trías, Lo bello y lo siniestro; Ed. Ariel, Barcelona, 1999, p. 57).
                En efecto, Dios no es esa llama que aparece algunos días ante nuestros ojos; es más bien, inevitablemente, el Deus absconditus de Isaías. Pero la llama nos habla de Él, nos remite a Él. ¡Bendita llama!

Francisco J. Palenzuela

miércoles, 24 de mayo de 2017

Una ponencia estudiará la obra que Sartre escribió sobre el misterio de la Navidad

Ponente: Dra. María Fernanda Guevara Riera
Centro de Investigación de la Comunicación
Universidad Católica Andrés Bello
Caracas-Venezuela

 

El Misterio de la Navidad en BARIONÁ, EL HIJO DEL TRUENO

de Jean-Paul Sartre


O EL JUEGO DEL DOLOR Y LA ESPERANZA. Sartre (1905-1980) en 1940 cayó prisionero de los alemanes. Durante su estancia en el campo de prisioneros escribió esta primera gran obra de teatro la cual versa sobre el misterio de la Navidad. Los biógrafos y estudiosos de la obra de Sartre ocultan intencionalmente o no, la existencia de Barioná. Recordemos que el autor francés  se destacó siempre por su ateísmo y anticatolicismo militantes.

jueves, 11 de mayo de 2017

Lizzie en el teatro de situaciones sartreano

*Por María Fernanda Guevara Riera
Filósofa
Lasperplejidadesdeamerica.blogspot.com


Jean-Paul Sartre (1905-1980) es uno de los autores más representativos del siglo XX francés. Su primera gran obra desde el punto de vista filosófico es  L’être et le néant la cual apareció madura y precisa en 1943. Nos interesa mostrar en esta entrega lo siguiente: nosotros consideramos que a partir de la lectura de El ser y la nada podemos comprender con mayor alcance la obra de teatro La p…. respetuosa (1), publicada en  el 1946 y en donde el autor francés desarrolla con arrojo el malestar existencial de Lizzie, uno de los personajes principales de la obra. Veamos, entonces, nuestro recorrido.




Uno de los presupuestos básicos de la ontología sartreana es la mala fe o la tendencia originaria del cogito pre-rreflexivo de no querer asumir la existencia en tanto libertad. Para Sartre somos una nada contingente en un universo carente de Dios. El hombre en la medida en la cual es capaz de flexionarse sobre sí y de analizar cada uno de sus actos en situación tiene la

martes, 9 de mayo de 2017

Un soneto

¡QUÉ BIEN HABLAR DE DIOS!

¡Qué bien hablar de Dios en un Congreso!
¡Qué hermoso penetrar en su figura
misteriosa, intangible!¡Qué ventura
poder intervenir, os lo confieso!

Me atrevo a sincerarme: me embeleso
pensando en el Señor, y mi escritura
es un simple homenaje a su ternura,
que me tiene cautivo, esclavo, preso.

Escribir sobre Dios es preguntar
para obtener respuestas que dan vida
cuando la oscuridad es una tara.

Escribir sobre Dios es alabar
al que es, sin rubor y sin medida,
puesto que me creó porque lo amara.

Pablo Rodríguez-Osorio

                                               5 de mayo de 2017