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jueves, 11 de mayo de 2017

Lizzie en el teatro de situaciones sartreano

*Por María Fernanda Guevara Riera
Filósofa
Lasperplejidadesdeamerica.blogspot.com


Jean-Paul Sartre (1905-1980) es uno de los autores más representativos del siglo XX francés. Su primera gran obra desde el punto de vista filosófico es  L’être et le néant la cual apareció madura y precisa en 1943. Nos interesa mostrar en esta entrega lo siguiente: nosotros consideramos que a partir de la lectura de El ser y la nada podemos comprender con mayor alcance la obra de teatro La p…. respetuosa (1), publicada en  el 1946 y en donde el autor francés desarrolla con arrojo el malestar existencial de Lizzie, uno de los personajes principales de la obra. Veamos, entonces, nuestro recorrido.




Uno de los presupuestos básicos de la ontología sartreana es la mala fe o la tendencia originaria del cogito pre-rreflexivo de no querer asumir la existencia en tanto libertad. Para Sartre somos una nada contingente en un universo carente de Dios. El hombre en la medida en la cual es capaz de flexionarse sobre sí y de analizar cada uno de sus actos en situación tiene la responsabilidad absoluta de dichos actos frente a sí mismo y frente a los otros. No responde, así, el hombre sartreano a un orden divino anterior: la existencia precede a la esencia. De forma tal que seremos auténticos en la medida en la cual aceptemos la angustia de la contingencia de no poseer verdades absolutas o un Dios como suelo y explicación de nuestras decisiones. Mientras que somos de mala fe cuando intentamos evadir la angustia de la toma de decisión y nos cobijamos en las “decisiones” ya aceptadas por el orden social, gracias a las cuales, no tenemos razones algunas por las cuales preocuparnos de nuestra existencia.

Ahora bien, para el autor francés nuestro movimiento inicial siempre será de excusa, de evasión, de refugiarnos en las verdades ya construidas por el orden social antes que de reflexionar críticamente y asumir nuestra libertad. Para Sartre originariamente buscamos negar la angustia de tener sobre nuestros hombros el peso de nuestra libertad y descargamos en la cotidianidad pre-establecida, en la existencia de un Dios como orden metafísico, la justificación nuestras elecciones. En palabras técnicas sartreanas anhelamos ser-en-sí-para-sí y coincidir plenamente con nosotros mismos cumpliendo el proyecto de mala fe de vivir como una cosa hecha para evitar, de este modo, los cuestionamientos de la existencia que se derivan del ejercicio de nuestra libertad y de la presencia de los otros en el mundo.

Para que nuestra existencia no sea un proyecto de mala fe debemos actualizarnos continuamente y confrontarnos con los proyectos existenciales de los otros. Y eso no se realiza en la abstracción del pensamiento aislado. Según Sartre, es en el teatro en donde los hombres, a través de la puesta en escena de una situación límite, reflexionan sobre su existencia, sobre los supuestos en donde descansan sus decisiones, sobre sus derechos: ¿Tengo derecho a luchar por mi libertad y a no seguir siendo de mala fe?

Así, para dejar a un lado la posible abstracción del los aportes filosóficos de El Ser y la nada, Sartre nos representa en “La p... respetuosa”, la situación concreta de la mala fe en el malestar de Lizzie, el personaje principal de la obra de teatro. ¿Qué hacer con el malestar de la existencia de tener que elegir cada vez? ¿Por qué la autenticidad es preferible a la inautenticidad? ¿Puedo huir de la angustia de elegir?

Valga precisar que la mala fe es mostrada por Sartre en la obra sin mencionar ni una sola vez el término.


Fred— ¡Pues tira! ¡Venga, tira! Ya lo ves, no puedes. Una chica como tú «no puede» disparar contra un hombre como yo. ¿Quién eres tú, a ver? ¿Qué haces en el mundo? (…) Te instalaré en la colina, al otro lado del río, en una casa bonita con un parque. Te pasearás por el parque todo lo que quieras, pero te estará prohibido salir de allí; soy muy celoso. Iré a verte tres veces a la semana, ya anochecido: el martes, el jueves y el sábado hasta el lunes. Tendrás criados negros y más dinero del que hayas podido soñar nunca, pero me tolerarás todos mis caprichos. ¡Y tendré muchos! (Ella se abandona un poco más en sus brazos.) ¿Es verdad lo que me dijiste de que yo..., que fuiste feliz conmigo? Contéstame. ¿Es verdad?
LIZZIE. — (Con lasitud.) Sí, es verdad.
FRED. — (Golpeándole la mejilla.) Entonces todo ha vuelto al orden. (Una pausa.) Me llamo Fred.”(2)

Así, concluye la obra, que, en cambio, constituye nuestro propio comienzo y por ello los invitamos a leerla a la luz de nuestro escrito de hoy.


La pregunta, “¿qué haces en el mundo?”,  en el contexto de la obra teatral, no se refiere al oficio o a la profesión, sino al orden del mundo y a las relaciones que mantenemos con los otros; a la autenticidad o inautenticidad de nuestras convicciones más profundas. Sartre, desde lo que él llamó “sentido común teatral” propio de la cotidianidad irreflexiva, muestra cómo las preguntas fundamentales de la existencia surgen en los individuos cuando éstos se encuentran “cara a cara” en una situación en la cual hay que elegir o tomar postura frente a sí y frente a los otros. En resumidas cuentas, somos seres-para-sí-para-otro, es decir, en situación con los otros y no existe suelo duro anterior –véanse Dios, los saberes específicos o las normas sociales establecidas- que justifiquen el cómo debo tratar al otro: debo hacerme cargo de mis acciones porque la autenticidad o inautenticidad en mis relaciones procederá sólo de mis elecciones y de la intencionalidad de las mismas.


Pero, nos preguntamos de inmediato, ¿por qué tenemos que transparentar en la medida de lo posible nuestro proyecto existencial y nuestras relaciones con el prójimo? Ese es uno de los presupuestos fundamentales del existencialismo: lo humano se construye gracias al ejercicio de la reflexión y a la autenticidad que mantengamos en nuestras relaciones con nosotros mismos y con los otros. Lo anterior se alcanza para el universo sartreano sólo a través de la interpretación de nuestros proyectos existenciales y a la lucidez que alcancemos sobre las verdaderas intenciones que albergamos para con los otros. La moral de la autenticidad ha mostrado sus límites mas sus aportes son indiscutibles: tener una relación lúcida con nosotros mismos y con los demás construye humanidad.

La cotidianidad irreflexiva, o en otras palabras, el no practicar el ejercicio de la auto-comprensión con preguntas que nos ayuden a discernir nuestras verdaderas intenciones para con nosotros mismos y para con los otros hace que los individuos descarguen la responsabilidad de sus acciones en las estructuras cotidianas, en el Dios creado para evadir responsabilidades y, de esta forma, muchas veces las relaciones con el otro quedan en el nivel de la inautenticidad o mala fe, en las frases ya hechas de las conversaciones teatrales respetuosas en donde Dios, la cotidianidad o los saberes específicos sirven de excusa para utilizar al otro y rehuir así de la responsabilidad de haber elegido un camino y no otro en determinada situación.

Finalmente, según Sartre, ¿se logra la evasión total, es decir, logramos engañarnos y coincidir plenamente con nosotros mismos al ser de mala fe o inauténticos? No, el malestar o el gusano de la conciencia siempre acecha y nos fisura causándonos una “hemorragia del ser” que  nos recuerda incesantemente que podemos elegir siempre ser auténticos con nosotros mismos y con los demás.

Muchas gracias.

Referencias bibliográficas:

(1)   Es en 1946 cuando J. P Sartre, en el Théâtre Antonie, y bajo la dirección de Simone Berriau, estrena “La p... respetuosa”. Personajes principales: Lizzie “La p... respetuosa”, Fred “el cliente, el posible enamorado”, El Negro, y la cotidianidad representada por John, James, El senador y Hombres 1, 2, 3.

(2) SARTRE, Jean-Paul: La p…  respetuosa, Biblioteca Virtual OMEGALFA, PP. 40-41.

martes, 9 de mayo de 2017

Un soneto

¡QUÉ BIEN HABLAR DE DIOS!

¡Qué bien hablar de Dios en un Congreso!
¡Qué hermoso penetrar en su figura
misteriosa, intangible!¡Qué ventura
poder intervenir, os lo confieso!

Me atrevo a sincerarme: me embeleso
pensando en el Señor, y mi escritura
es un simple homenaje a su ternura,
que me tiene cautivo, esclavo, preso.

Escribir sobre Dios es preguntar
para obtener respuestas que dan vida
cuando la oscuridad es una tara.

Escribir sobre Dios es alabar
al que es, sin rubor y sin medida,
puesto que me creó porque lo amara.

Pablo Rodríguez-Osorio

                                               5 de mayo de 2017

martes, 25 de abril de 2017

El Dios de un poeta angustiado: tres poemas de Hijos de la ira, de Dámaso Alonso

INSOMNIO

Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres
(según las últimas estadísticas).

A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo en este
nicho en el que hace 45 años que me pudro,
y paso largas horas oyendo gemir al huracán, o ladrar los
perros, o fluir blandamente la luz de la luna.

Y paso largas horas gimiendo como el huracán, ladrando como
un perro enfurecido, fluyendo como la leche de la ubre
caliente de una gran vaca amarilla.

Y paso largas horas preguntándole a Dios, preguntándole por
qué se pudre lentamente mi alma,
por qué se pudren más de un millón de cadáveres en esta
ciudad de Madrid,
por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente en el mundo.

Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?
¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día,
las tristes azucenas letales de tus noches?

De El grupo poético de 1927. Ángel González (comp.). Madrid: Taurus, 1976, pp. 112-113.

MONSTRUOS
Todos los días rezo esta oración
al levantarme:

Oh Dios,
no me atormentes más.
Dime qué significan
estos espantos que me rodean.
Cercado estoy de monstruos
que mudamente me preguntan,
igual, igual, que yo les interrogo a ellos.
Que tal vez te preguntan,
lo mismo que yo en vano perturbo
el silencio de tu invariable noche
con mi desgarradora interrogación.
Bajo la penumbra de las estrellas
y bajo la terrible tiniebla de la luz solar,
me acechan ojos enemigos,
formas grotescas me vigilan,
colores hirientes lazos me están tendiendo:
¡son monstruos,
estoy cercado de monstruos!

No me devoran.
Devoran mi reposo anhelado,
me hacen ser una angustia que se desarrolla a sí misma,
me hacen hombre,
monstruo entre monstruos.

No, ninguno tan horrible
como este Dámaso frenético,
como este amarillo ciempiés que hacia ti clama con todos sus tentáculos enloquecidos,
como esta bestia inmediata
transfundida en una angustia fluyente;
no, ninguno tan monstruoso
como esa alimaña que brama hacia ti,
como esa desgarrada incógnita
que ahora te increpa con gemidos articulados,
que ahora te dice:
«Oh Dios,
no me atormentes más,
dime qué significan
estos monstruos que me rodean
y este espanto íntimo que hacia ti gime en la noche.»
Op. cit., pp. 115-116.

DE PROFUNDIS

Si vais por la carretera del arrabal, apartaos, no os inficione mi pestilencia.
El dedo de mi Dios me ha señalado: odre de putrefacción quiso que fuera este mi cuerpo,
y una ramera de solicitaciones mi alma,
no una ramera fastuosa de las que hacen languidecer de amor al príncipe
sobre el cabezo del valle, en el palacete de verano,
sino una loba del arrabal, acoceada por los trajinantes,
que ya ha olvidado las palabras de amor,
y sólo puede pedir unas monedas de cobre en la cantonada.
Yo soy la piltrafa que el tablajero arroja al perro del mendigo,
y el perro del mendigo arroja al muladar.
Pero desde la mina de las maldades, desde el pozo de la miseria,
mi corazón se ha levantado hasta mi Dios,
y le ha dicho: Oh Señor, tú que has hecho también la podredumbre,
mírame,
yo soy el orujo exprimido en el año de la mala cosecha,
yo soy el excremento del can sarnoso,
el zapato sin suela en el carnero del camposanto,
yo soy el montoncito de estiércol a medio hacer, que nadie compra
y donde casi ni escarban las gallinas.
Pero te amo,
pero te amo frenéticamente.
¡Déjame, déjame fermentar en tu amor,
deja que me pudra hasta la entraña,
que se me aniquilen hasta las últimas briznas de mi ser,
para que un día sea mantillo de tus huertos!
Op. cit., pags. 121-122.

COMENTARIO:

            Estos tres textos de Dámaso Alonso pertenecen a su famoso poemario Hijos de la ira, de 1944. El rechazo de la vida se manifiesta en estos versos hasta hacer de ellos una paradigmática expresión de ese “malestar ontológico” del existencialismo, tan en boga en aquellos años (La náusea de Sartre había sido publicada sólo seis años antes, por lo que cabe pensar en una posible influencia de este texto capital sobre nuestro poeta); no obstante, este sentimiento aparece matizado aquí por la condición de creyente del poeta, que ante ese abismo de horrores que es para él la existencia física se vuelve una y otra vez hacia ese Dios, “mi Dios”, en el que parece buscar una tabla de salvación. Así, “Insomnio” se refiere al cuerpo humano, aun vivo, como un cadáver; pero no sólo él se pudre, también el alma del poeta, que interroga a Dios en medio de su sufrimiento sobre el sentido de la vida del hombre en un mundo que lo condena a la corrupción (“Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?”).
En “Monstruos” se pueden rastrear ciertos ecos de la poesía bíblica; así, palabras como “me acechan ojos enemigos, / formas grotescas que me vigilan, / colores hirientes lazos me están tendiendo” recuerdan inevitablemente algunos versículos del Salmo 22: “Me acorralan mastines, / me cerca una banda de malvados...” . Sin embargo, aquí la víctima que clama su angustia ante el silencio de Dios no es un inocente, sino un “monstruo entre los monstruos”; no es un justo que aún espera a su Salvador, sino un  “amarillo ciempiés”, una “bestia inmediata transfundida en una angustia fluyente”, una “alimaña que brama”. Por otra parte, mientras en el Salmo citado encontramos una dinámica que conduce desde el sentimiento de abandono inicial a una reafirmación de la esperanza puesta en el Dios a quien se dirige la plegaria, en el poema de Dámaso Alonso esta esperanza no acaba de vislumbrarse; por el contrario, la repetición al final de los versos iniciales parece sugerir un movimiento circular, como si el poeta diera vueltas y más vueltas en la noria de su súplica inatendida.    
Ese pequeño atisbo de esperanza que hasta ahora se nos ha negado parece presentarse al fin en el tercer poema que hemos incluido en esta pequeña muestra, “De profundis”. En él vuelve a aparecer la resonancia de un salmo ya en el título, en este caso el 130; también se repite la constante temática de la realidad corrupta del ser humano que se dirige a Dios (el poeta habla de su cuerpo como “odre de putrefacción” y de su alma como “ramera”), llevada aquí, si cabe, más al extremo en las imágenes utilizadas (“yo soy la piltrafa... el excremento del can sarnoso... el montoncito de estiércol...”). Sin embargo, a continuación de estas fortísimas expresiones autodenigratorias encontramos un “pero” que parece señalar un punto de inflexión en el sentido del poema: “pero te amo”. Sí, ese “pozo de la miseria” que nos presenta el poeta es capaz de amar; si Pascal definió al hombre como una caña que piensa, bien podríamos decir que Dámaso Alonso lo describe aquí como una carroña que ama, y en esta capacidad radica su posibilidad de salvación, la esperanza de que su plegaria sea al fin atendida: “para que un día sea mantillo de tus huertos”. Este último verso parece venir a dar respuesta a los interrogantes abiertos en los del final de “Insomnio”, donde encontrábamos esta misma imagen (“¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre...?”). El amor del hombre a Dios parece presentarse, pues, como una aceptación de su autoaniquilimiento; el poeta ya no suplica a Dios que no le atormente más, como en “Montruos”, sino que su sufrimiento tenga un sentido, aunque para ello él deba llegar hasta el final en ese proceso de putrefacción en el que se siente inmerso, quizá por el mero hecho de vivir en este mundo: “déjame fermentar en tu amor, / deja que me pudra hasta la entraña, / que se me aniquilen hasta las últimas briznas de mi ser”. Quizá en esta aceptación final de la muerte, en esta súplica de que la aniquilación del yo se consume, esté latente una actitud cristiana cuyo origen podemos encontrar en el conocido pasaje evangélico de San Juan: “Yo os aseguro que el grano de trigo seguirá siendo un único grano, a no ser que caiga dentro de la tierra y muera; sólo entonces producirá fruto abundante” (Jn, 12, 24).
En conclusión, podemos ver en estos poemas la expresión de un tema tan característico del hombre contemporáneo como es el de la angustia existencial; una angustia cuya presencia en ellos llega a resultar asfixiante, y a la que el poeta, en algunos versos, se refiere de forma explícita como elemento constitutivo de su propio ser: “me hacen ser una angustia que se desarrolla a sí misma”, “... esta bestia inmediata / transfundida en una angustia fluyente”. Pero la angustia que aquí se manifiesta es, finalmente, la de un hombre de fe; tal como explicó Kierkegaard, la propia vivencia de la fe (al menos en la tradición judeocristiana) está impregnada de esta angustia, indisolublemente ligada a ella en su misma esencia. En efecto, la fe así entendida consiste en entregarse a una voluntad superior, y las alusiones a la idea de voluntad divina están claramente presentes en estos versos: “¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?”, “odre de putrefacción quiso que fuera este mi cuerpo...”). Se trata de una voluntad percibida en principio como adversa al yo, ya que éste la responsabiliza de su condición miserable; una voluntad que el yo no puede comprender (probablemente haya que ver ahí la raíz de la angustia, ya que el hombre necesita comprender, “tiende a conocer por su propia naturaleza” como señaló Aristóteles) y que, en último término, le exige el sacrificio de lo que le es más querido, como a Abraham; o de su propia vida, como a Cristo en el Huerto de los Olivos, cuyo sudor de sangre bien puede considerarse como la imagen paradigmática de la angustia en la cultura cristiana. En el atormentado llamamiento a Dios que estos textos representan, la angustia del poeta parece encontrar una salida cuando éste decide rendirse a la voluntad divina, quizá siguiendo ese ejemplo evangélico; su rendición se nos muestra en ese “pero te amo frenéticamente” que es como un salto en el vacío de quien ya no puede esperar nada del recurso a sus propias fuerzas, consciente de que él mismo no es mejor que esos monstruos que lo acosan en un mundo donde hasta la luz solar no es sino una “terrible tiniebla”; en un mundo, en definitiva, que es para el poeta el reino del horror y de la corrupción.   



jueves, 30 de marzo de 2017

Poema de Izara Batres, de su poemario Tríptico, ganador del XXXVI Premio Mundial de Poesía Mística Fernando Rielo


I.

Y cómo vivir...
si la daga nítida
hiere hasta el origen del grito,
cómo se sostiene esta muerte continua,
este fin del mar.
Dios, flor de calor, núcleo infinito de las esencias,
me abrazas en este túnel, me llevas,
y yo no veo, pero creo en ti.


sábado, 25 de marzo de 2017

Hermann Hesse: Peter Camenzind

Autor: Hermann Hesse (Calw, 1877-Montagnola, 1962).

Obra: Peter Camenzind.

Fuente: 
Hermann Hesse, Peter Camenzind; traducción de Jesús Ruiz, edición de Luis de Caralt, Barcelona, 1962, pags. 137-138.

... Volví a imaginarlo, con el libro cerrado en las manos, los ojos medio entornados y la expresión pensativa. Estaría envuelto en la penumbra y el silencio mientras nosotros bebíamos, reíamos y nos divertíamos. Recordé mis palabras en Asís, cuando comenté el amor de San Francisco por todos los hombres, por todos los animales de la Creación. ¿De qué me había servido seguir las huellas del santo, llegar hasta su pequeño pueblo de Asís, hablar con sus habitantes, abismarme en sus lecturas y saberme de memoria sus cantos de amor, si dejaba que un hermano mío, un desventurado tullido, se abandonara a sus pensamientos y a su dolor mientras yo me divertía en vez de consolarle?
                Sentí una congoja en el corazón y el dolor y la vergüenza hicieron presa en mí hasta hacerme temblar de excitación. Tuve la sensación de que Dios me hablaba y que con su voz tonante me decía:

domingo, 19 de marzo de 2017

Octavio Paz: "La muerte de Dios es un mito vacío"

Fragmento de Los hijos del limo (Octavio Paz)

Negación de la religión: pasión por la religión. Cada poeta inventa su propia mitología y cada una de esas mitologías es una mezcla de creencias dispares, mitos desenterrados y obsesiones personales. El Cristo de Holderlin es una divinidad solar y, en ese enigmático poema que se llama El único, Jesús se convierte en el hermano de Hércules y «de aquel que unció su carro con un tiro de tigres y descendió hasta el Indo», Dionisio. La Virgen de Novalis es la madre de Cristo y la Noche precristiana, su novia Sophie y la muerte. La Aurelia de Nerval es Isis, Pandora y la actriz Jenny Colon. Religiones románticas: herejías, sincretismos, apostasías, blasfemias, conversiones. La ambigüedad romántica tiene dos modos, en el sentido musical de la palabra: uno se llama ironía y consiste en insertar dentro del orden de la objetividad la negación de la subjetividad; el otro se llama angustia y consiste en dejar caer, en la plenitud del ser, una gota de nada. La ironía revela la dualidad de lo que parecía uno, la escisión de lo idéntico, el otro lado de la razón: la quiebra del principio de identidad. La angustia nos muestra que la existencia está vacía, que la vida es muerte, que el cielo es un desierto: la quiebra de la religión.

miércoles, 15 de marzo de 2017

Miguel Hernández: El rayo que no cesa

Autor: Miguel Hernández (Orihuela, 1910-Alicante, 1942).

Obra: El rayo que no cesa.

Fuente: El rayo que no cesa
. Espasa-Calpe. Madrid, 2007. Edición de Juan Cano Ballesta.




Eclipse-celestial

Una nube, redondo y puro obstáculo,
para mirarte encuentro:
sin errores de gallos,
eclipse de los cielos.

Tu luz en una umbría de blancura:
los que ven, no te vemos:
¡mucho mejor!, a oscuras,
¡la fe!, te ven los ciegos.

Tú, con naturaleza de semilla,
reducido a la mano.
Transformado en harina,
Traspuesto, Trasplantado.

domingo, 5 de marzo de 2017

Gabriela Mistral: Ternura

Autor: Gabriela Mistral (Vicuña, 1889-Hemstead, 1957).

Obra: Ternura.

Fuente: Ternura
. Espasa-Calpe. Madrid, 1979.




MECIENDO

El mar sus millares de olas
mece, divino.
Oyendo a los mares amantes,
mezo a mi niño.
El viento errabundo en la noche
mece los trigos.
Oyendo a los vientos amantes,
mezo a mi niño.
Dios Padre sus miles de mundos
mece sin ruido.
Sintiendo su mano en la sombra
mezo a mi niño.

lunes, 27 de febrero de 2017

Jaime Salom: La casa de las chivas


Autor: Jaime Salom (Barcelona, 1925-Sitges 2013).

Obra: La casa de las chivas.

Fuente: 
Teatro selecto. Escelicer, Madrid, 1971.


Páginas 228-229.

JUAN.- ¿Por qué me cuentas a mí todas estas cosas?
PETRA.- Debes saberlo todo, para que puedas perdonarme (…) Por favor, Juan, perdóname, devuélveme la paz.
JUAN.- ¿Y por qué yo?
PETRA.- Eres la única persona que conozco que puede hacerlo.
JUAN.- ¡Te repito que no soy sacerdote! Si lo fuera, debería perdonar. Ahora me cuesta demasiado no odiarte, no abofetearte… ¡No eres más que una…!
PETRA.- Lo soy, sí. Pero hasta esta mañana no he sentido la vergüenza de serlo. Ya ves, a tantos como he conocido, y va a ser ese mocoso el único que me deje huella…
JUAN.- Puede que, en el fondo, yo sea responsable de todo eso… Por no haber conseguido que entendieras las razones de Dios… Mientras defendía su Ley, tal vez olvidaba la otra, la de la caridad.
VOZ DE MARIANO.- ¡Petra! ¿Vienes o no?

viernes, 24 de febrero de 2017

Simone Weil: Poemas

Autor: Simone Weil (París, 1909-Ashford 1943).

Obra: Poemas.

Fuente: Simone Weil: Poemas. Venecia salvada, Trotta, Madrid, 2006. Edición de Adela Muñoz Fernández.

Antonio Barnés, Dios en dos poemas de Simone Weil from Antonio Barnés Vázquez on Vimeo.

A una joven rica

Climena, con el tiempo quiero ver en tus encantos
Cómo mana de día a día y brota el don de las lágrimas.
Tu belleza no es aún más que una armadura de orgullo,
Que los días transcurridos convertirán en ceniza;
No se te verá [más], exultante, descender,
Orgullosa y sin máscara en la noche del sepulcro.
¿Hacia qué destino prometido, en tu flor pasajera,
Te deslizas? ¿Hacia qué destino? ¿Qué gélida miseria
Vendrá a oprimir tu corazón hasta hacerle gritar?
Nada se elevará para salvar tanta gracia;
Los cielos permanecen mudos a la espera del día que borre
Las facciones puras, una tez dulce que un día se vio brillar.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Rosalía: En las orillas del Sar

Autor: Rosalía de Castro (Santiago de Compostela, 1837-Padrón 1885).

Obra: En las orillas del Sar

Fuente: Rosalía de Castro: En las orillas del Sar, Castalia, Madrid, 1990. Edición de Marina Mayoral.




Antonio Barnés, Dios en En las orillas del Sar de Rosalía de Castro from Antonio Barnés Vázquez on Vimeo.


4

   Era apacible el día
y templado el ambiente,
y llovía, llovía
callada y mansamente;
y mientras silenciosa
lloraba y yo gemía,
mi niño, tierna rosa,
durmiendo se moría.
   Al huir de este mundo, ¡qué sosiego en su frente!
Al verle yo alejarse, ¡qué borrasca en la mía!

domingo, 5 de febrero de 2017

Baudelaire: Las flores del mal

Autor: Charles Baudelaire (París, 1821-Londres 1967).

Obra: Las flores del mal

Fuente: Charles Baudelaire: Las flores del mal, Cátedra, Madrid, 2006. Edición bilingüe de Alain Verjat y Luis Martínez de Merlo.






I

BÉNÉDICTION

Lorsque, par un décret des puissances suprêmes,
Le Poète apparaît en ce monde ennuyé,
Sa mère épouvantée et pleine de blasphèmes
Crispe ses poings vers Dieu, qui la prend en pitié:

— «Ah! que n'ai-je mis bas tout un noeud de vipères,
Plutôt que de nourrir cette dérision!
Maudite soit la nuit aux plaisirs éphémères
Où mon ventre a conçu mon expiation!

viernes, 27 de enero de 2017

Eliot: Cuatro cuartetos

Autor: T. S. Eliot (San Luis, 1888-Londres 1965).

Obra: Cuatro cuartetos

Fuente: T. S. Eliot: Cuatro cuartetos, Cátedra, Madrid, 1999. Edición bilingüe de Esteban Pujals Gesalí.




III.

O dark dark dark. They all go into the dark,
The vacant interstellar spaces, the vacant into the vacant,
The captains, merchant bankers, eminent men of letters,
The generous patrons of art, the statesmen and the rulers,
Distinguished civil servants, chairmen of many committees,
Industrial lords and petty contractors, all go into the dark,
And dark the Sun and Moon, and the Almanach de Gotha
And the Stock Exchange Gazette, the Directory of Directors,
And cold the sense and lost the motive of action.
And we all go with them, into the silent funeral,
Nobody's funeral, for there is no one to bury.

jueves, 19 de enero de 2017

Novalis: Poemas tardíos

Autor: Novalis (Wiederstedt, 1772-Weißenfels, 1801).

Obra: Poemas tardíos.

Fuente: Novalis: Poemas tardíos, Linteo poesía, Ourense, 2011. Edición de Antonio Pau.


Antonio Barnés, Dios en Poemas tardíos de Novalis from Antonio Barnés Vázquez on Vimeo.


HYMNE

Wenige wissen
Das Geheimnis der Liebe,
Fühlen Unersättlichkeit
Und ewigen Durst.
Des Abendmahls
Göttliche Bedeutung
Ist den Irdischen Sinnen Rätsel;
Aber wer jemals
Von heißen, geliebten Lippen
Atem des Lebens sog,
Wem heilige Glut
In zitternde Wellen das Herz schmolz,
Wem das Auge aufging,
Daß er des Himmels
Unergründliche Tiefe maß,
Wird essen von seinem Leibe
Und trinken von seinem Blute
Ewiglich.

lunes, 16 de enero de 2017

Miguel de Unamuno: fragmento de El Cristo de Velázquez

DIOS – TINIEBLAS
De noche la redonda luna dícenos
de cómo alienta el sol bajo la tierra:
y así tu luz, pues eres testimonio
Tú el único de Dios, y en esta noche
sólo por Ti se llega al Padre Eterno:
sólo tu luz lunar en nuestra noche
cuenta que vive el sol. Al reflejarlo,
brillando, las tinieblas dan fulgores,
los más claros, que el mármol bien bruñido
mejor espejo da mientras más negro.
Te envuelve Dios, tinieblas de que brota
la luz que nos rechazas; escondida

viernes, 13 de enero de 2017

Gerardo Diego: Primera antología de sus versos (1918-1941)

Autor: Gerardo Diego (Santander, 1896-Madrid, 1987).

Obra: Primera antología de sus versos (1918-1941).

Fuente: Gerardo Diego: Primera antología de sus versos (1918-1941), novena edición, Espasa-Calpe, Madrid, 1980.




I
Iniciales (1918)

Poeta sin palabras

Voy a romper la pluma. Ya no la necesito.
Lo que mi alma siente yo no lo sé decir.
Persigo la palabra y solo encuentro un grito
roto, inarticulado, que nadie quiere oír.

¡Dios mío, tú el Poeta! ¿Por qué no me concedes
la gracia de acertar a decir cosas bellas?
Dame que yo consiga -merced de las mercedes-
interpretar las flores, traducir las estrellas.

Yo escucho sus secretos. Yo entiendo su lenguaje.
No el ser sordo, el ser mudo es mi condenación.
Para mí es como un alma dolorida el paisaje
y el mundo es un sonoro y enfermo corazón.

jueves, 5 de enero de 2017

Rubén Darío: Cantos de vida y esperanza

Autor: Rubén Darío (Metapa, 1876-León, 1916).

Obra: Cantos de vida y esperanza.

Fuente: Rubén Darío: Cantos de vida y esperanza, decimocuarta edición, Espasa-Calpe, Madrid, 1980.




Rubén Darío
Cantos de vida y esperanza
CANTOS DE VIDA Y ESPERANZA
              I
Yo soy aquel que ayer no más decía
el verso azul y la canción profana,
en cuya noche un ruiseñor había
que era alondra de luz por la mañana.
El dueño fui de mi jardín de sueño,
lleno de rosas y de cisnes vagos;
el dueño de las tórtolas, el dueño
de góndolas y liras en los lagos;
y muy siglo diez y ocho y muy antiguo
y muy moderno; audaz, cosmopolita;
con Hugo fuerte y con Verlaine ambiguo,
y una sed de ilusiones infinita.