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viernes, 15 de febrero de 2019

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viernes, 24 de noviembre de 2017

Video: El misterio de la Navidad en “Barioná, el hijo del trueno”

La ponencia de Fernanda Guevara-Riera, profesora de la UCAB en Caracas, presentada en el I Congreso Internacional Dios en la literatura contemporánea puede verse y escucharse en el siguiente vídeo, pues su intervención original no pudo grabarse bien por problemas técnicos. Con este vídeo, por tanto, se logra que todo el congreso sea accesible a través de internet. Nos congratulamos por ello y felicitamos a la doctora Guevara-Riera por su brillante análisis.
Este es el enlace a la página original. Y a continuación insertamos el vídeo.


lunes, 20 de noviembre de 2017

A un semejante (Eladia Blázquez)


Vení, charlemos, sentate un poco,
la humanidad se viene encima;
ya no podemos, hermano loco,
buscar a Dios por las esquinas.
Se lo llevaron, lo secuestraron
y nadie paga su rescate,
vení que afuera está el turbión,
de tanta gente sin piedad
de tanto ser sin corazón.
Si a vos te duele como a mí
la lluvia en el jardín y en una rosa,
si te dan ganas de llorar,
a fuerza de vibrar, por cualquier cosa,
decí, ¿qué hacemos vos y yo
qué cosa vos y yo sobre este mundo,
buscando amor en un desierto
tan estéril y tan muerto
que no crece ya la flor?
Vení... charlemos, sentate un poco.
¡No ves que sos mi semejante!
A ver, probemos, hermano loco
salvar el alma cuanto antes.
Es un asombro tener tu hombro
y es un milagro la ternura,
sentir tu mano fraternal,
saber que siempre para vos
el bien es bien y el mal es mal.


Cuando buscar a Dios es cosa de locos
Cualquier aficionado al tango argentino sabe que este género poético-musical es rico en letras de altísima calidad. Eladia Blázquez, una cantautora ya fallecida que lamentablemente, a pesar de su fuerte vinculación con España (era hija de emigrantes españoles y empezó su carrera artística cantando temas del repertorio popular español), es poco conocida en nuestro país, nos ofrece aquí una buena muestra de esta poesía, tan a menudo ignorada en los ambientes académicos.
Como en tantos otros tangos (recordemos al respecto el paradigmático Cambalache, de Enrique Santos Discépolo), en este texto la palabra poética se convierte en un instrumento de amarga queja ante el mundo contemporáneo, que se presenta con tintes desoladores; se trata de un mundo degradado e inhóspito, en el que el yo poético se siente excluido, desubicado. Los otros seres humanos le resultan extraños, incluso hostiles y amenazadores: “la humanidad se viene encima”, “tanta gente sin piedad”, “tanto ser sin corazón”; el poeta (o la poetisa) no puede reconocerlos como sus semejantes, lo que le produce un angustioso sentimiento de soledad. Sin embargo, a diferencia de otros tangos que se quedan en la mera expresión del lamento atormentado, como si el autor sólo pretendiera recrearse en la desesperación de esa soledad, aquí parece buscarse una salida. Y ¿qué mejor salida que para quienes sienten que su reino no está en este mundo que refugiarse en Dios? Pero en las circunstancias actuales esa salida parece estar cegada: a Dios “se lo llevaron, lo secuestraron / y nadie paga su rescate”. Ya es inútil buscarlo “por las esquinas” de este pobre mundo corrupto, dominado por el mal.
¿Qué hacer, pues? Un destello de esperanza se deja vislumbrar dentro de tan oscuro panorama: quizá el alma herida pueda salvarse si encuentra a otra alma que también busque la salvación y a la que pueda reconocer como hermana, un “semejante” que le ofrezca escucha, comprensión y esa ternura que “es un milagro”; por eso lanza esta invitación, a no se sabe quién, para sentarse y charlar; la lanza, sí, como el náufrago que lanza al mar un mensaje dentro de una botella, para ver si alguien lo recibe y acude al rescate. “Salvar el alma cuanto antes”... Porque es necesaria esa “mano fraternal” para salvarse, en este desierto “tan estéril y tan muerto” que amenaza con invadirlo todo. Necesitamos sentir que no estamos tan solos, que hay al menos otro ser que comprende y que comparte nuestra angustia; con él, agarrados a su mano, quizá encontremos todavía un camino de salvación.
Pero ¿cómo ha de ser esa alma hermana, ese semejante aún desconocido que nos saque de tan atroz soledad? Las condiciones que se establecen son difíciles de cumplir: tiene que ser alguien capaz de vibrar hasta llorar con las cosas más pequeñas y que sea consciente siempre de que “el bien es bien y el mal es mal”; en definitiva, un loco. Porque la inversión de los valores se ha consumado: ahora, quien tiene conciencia es un loco. Quizá su locura llegue hasta el extremo de hacerlo buscar a Dios...
Si es así, nuestro “hermano loco” se está esforzando en vano: Dios está secuestrado, “y nadie paga su rescate”. Pero quizá no tan en vano: está secuestrado, pero no está muerto, como algunos han llegado a pensar. Por eso puede tener sentido el mensaje en la botella: yo solo no puedo pagar su rescate; tú, tampoco. Pero si tú, hermano loco, respondes a mi llamada, te unes a mí y juntos arrojamos más botellas con mensajes dentro a este mar de aridez, todas las que podamos... ¡Quién sabe! A lo mejor, un día, llegamos a reunirnos los suficientes locos para poder pagar, entre todos, ese rescate que devuelva la salud al rey herido y la fertilidad a esta tierra baldía.

Quién sabe... Vení, charlemos.

Francisco J. Palenzuela

jueves, 16 de noviembre de 2017

Centenario de Diario de un poeta recién casado




Es razonable que, en esta primera entrada en el blog, me haya decantado por hacer una aproximación de la obra juanramoniana Diario de un poeta recién casado, en el primer centenario de su publicación, (1917- 2017).
Estamos ante una obra maestra de un maestro que consagró definitivamente al nobel de Moguer. En Diario se marca una forma nueva de hacer literatura, de tal forma, que seguir escribiendo como antes quedaría obsoleto. Supo mezclar la prosa y el verso con gran maestría, incorpora el verso libre, y plantea una itinerancia física y espiritual a lo largo del océano Atlántico, desde Cádiz a Nueva York en donde tiene una cita con Zenobia para casarse.
Se incorpora a la vuelta a España, y supo introducir a los lectores en el oleaje de sus CCXLIII poemas en verso y en prosa, en los que hace una invitación a vivir la experiencia de la travesía y los descubrimientos personales que el viaje supuso.
Es una obra poliédrica, con muchos ángulos de visión, que solo desde la lectura integra del poemario se van desvelando. El poeta, junto al descubrimiento de las mil caras del mar, se fue descubriendo a sí mismo: es uno antes del viaje y otro después; lo que dio lugar a un nuevo Juan Ramón, en lo personal y en lo poético.
A decir del poeta: “Es mi mejor libro. Me lo trajeron unidos el amor, la alta mar, el alto cielo, el verso libre, las Américas distintas, y mi largo recorrido anterior. Es un punto de partida…". Es de las primeras obras que plasma la imagen de Nueva York, obra clave también en el arte del retrato, en el desarrollo de la mirada humana, y la escritura de una ciudad. Nos acerca al paisaje y a las personas como nunca se había logrado, por lo que inaugura una nueva modernidad.
El viaje supuso para él un transitar desde Moguer a los rascacielos de Manhattan, lo que fue una experiencia sin precedentes. Pero su hondón, su vida íntima, la búsqueda constante de la naturaleza, no cambio en nada. En Diario le cupo todo: Andalucía, el mar como compañero intimo interlocutor constante, el nuevo paisaje y Moguer siempre en su recuerdo, a donde vuelve renovado por la experiencia.
Y para terminar señalamos lo que el mismo dice en el prólogo de Diario.” …En este álbum de poeta copié, en leves notas, unas veces con color solo, otras solo con pensamiento, otras con luz sola, siempre frenético de emoción…”.
Esta obra marcó un hito en las letras hispanas y sigue siendo paradigmática en el arte de escribir con excelencia.

Rosario Paniagua Fernández.


sábado, 4 de noviembre de 2017

Conferencia de Juana Sánchez-Gey

La Presidenta y la Junta Directiva de la Casa de Castilla-La Mancha en Madrid

Tienen el gusto de invitarle, dentro del Aula de Pensamiento “Antonio Rodríguez Huéscar”, a la conferencia que bajo el título: Los jugos y los proverbios, reflexión sapiencial en José Manuel Sánchez-Gey y Fernando Rielo”, pronunciará la Dra. Juana Sánchez-Gey Venegas Profesora Titular de Filosofía de la UAM.

Preside: Dr. Ciriaco Morón Arroyo, Director del Aula.


Día 10 de noviembre de 2017, a las 19:00 horas.
C/ Paz, núm. 4 – 1º  -   28012 MADRID
Telf.: 91-522-72-78
      Salón de Actos.


viernes, 3 de noviembre de 2017

La filosofía como medicina del alma

Fuente



El quehacer filosófico nos remite siempre a la pregunta ¿qué se entiende por filosofía? Lo que reflexionamos hoy forma parte de nuestras experiencias de vida. La filosofía que brota de estas breves líneas son producto de nuestras reflexiones sobre lo que nos ha tocado vivir, sobre el dolor que esto ha significado. Sostengo, además, que en dichas reflexiones encontramos una de las más grandes fortalezas que nos dona el quehacer filosófico, a saber, que lo que sea filosofía nunca será un saber muerto, todo lo contrario, siempre ha de ser un saber vivo que nos interpele y que nos ayude a comprendernos y a fortalecernos en la vida, afirmándonos.
El pasado 20 de octubre asistí en calidad de ponente, vía Skype, al I Congreso de Dios en la Literatura Contemporánea, Madrid, 19-21 de octubre de 2017.Excelente experiencia académica y un trato muy humano entre todos los profesores participantes. Agradezco la oportunidad que me brindó el Comité organizador del Congreso de poder participar y este artículo son unas reflexiones a posteriori (1).
En nuestra intervención en dicho Congreso partimos de la filosofía griega como “amor a la sabiduría” para comprender las realidades inhóspitas que un mundo –más de las veces hostil- nos entrega para ser encaradas y resueltas en favor de lo humano. Mi aporte lo elaboré a partir de una interpretación que realicé de la primera obra de teatro de Sartre: Barioná, el hijo del trueno (2). Las páginas de esta obra proponen la ocasión de reconsiderar el papel de Cristo en la historia de los hombres concretos, el lugar del amor en las relaciones por encima de las convenciones, el compromiso existencial que tenemos como mujeres y hombres de apostar por la esperanza, aunque vivamos rodeados de vicisitudes que pretenden negar de factola alteridad.

La filosofía como medicina del alma




https://goo.gl/Pao7X2

De la lectura de Barioná, el hijo del trueno lo que más me enriqueció fue constatar cómo Sartre alimenta la reflexión filosófica en tanto “medicina del alma” (inspirado, quizás, en Cicerón) gracias a la cual, se pueden y deben curar nuestras almas enfermas de desesperanza, dolor y tristeza por el mundo socialmente injusto en el que vivimos. El autor francés apuesta a que somos capaces de ejercer y vivir nuestra libertad y nuestra relación con el otro desde una voluntad de sanación, no desde la punición ni de la ira, a pesar de los muchos dolores e injusticias que nos toca afrontar diariamente. Afirma que si bien es cierto que el mundo es una caída interminable en donde nadie sale victorioso, no debemos resignarnos a dicha caída, podemos decidir enfrentarla y tomar libres acciones que pongan fin al sufrimiento humano. 
A través de sus páginas, Sartre va delineando así su lectura de la Natividad: aceptar el amor del Nacimiento de Jesús es elegir luchar por un mundo más humano. El Nacimiento del Niño será, a pesar de los sufrimientos que le esperan, una apuesta por un nuevo despertar; es una nueva oportunidad de esperanza que nos otorgamos de ser entre nosotros humanos y de no estar solos aquí los unos contra los otros. Lo novedoso de esta obra de teatro respecto de El ser y la nada es el tratamiento que Sartre realiza en su recorrido al sufrimiento que padecemos por nuestra condición humana.

La desesperanza viene cuando apostamos por el dolor en el mundo

Ahora bien, concluyo de la lectura de Barioná que, a la luz de Sartre pero no limitándonos a él, optamos por la desesperanza en el mundo cuando miramos nuestras experiencias dolorosas como si fueran las únicas y nos volvemos incapaces de sentir el dolor del otro, cuando nos miramos al ombligo con una mirada carente y rencorosa desdibujando al prójimo, cuando nos encerramos en el presente con el ceño fruncido hurgando en nuestras heridassin la más mínima pretensión de sanarlas cultivando, así, valores del resentimiento que nos convierten en “tísicos del alma”, palabras prestadas de Nietzsche.
Se trata, entonces, de cómo enfrentemos el sufrimiento: de aceptar que forma parte de nuestra condición humana como la dicha y que éste puede hacernos mejores personas, en la medida en la cual, nos sensibiliza frente al padecimiento del otro y buscamos –irremediablemente y sin excusas- la superación del dolor, tanto del prójimo como de nosotros mismos. Gracias a lo anterior, podemos incidir con mayor firmeza en la vida de nuestros semejantes, edificando esperanza en el mundo porque contribuimos a disminuir el dolor social y existencial propio y de nuestros semejantes.
Sin embargo, de la lectura de Barioná y más allá de la misma se desprende también que, podemos elegir el camino de la crueldad al regodearnos en nuestros dolores, negando al otro porque sólo nos importa nuestro sufrirculpabilizándolo de nuestros pesares, sin otorgarnos ninguna posibilidad de sanación existencial.Quiere esto decir que somos libres, entonces, de darle un significado a nuestro dolor que sea o constructivo o destructivo para las relaciones humanas y para nosotros mismos. Y he allí en donde hace irrupción la pregunta filosófica como “medicina del alma”: ¿por qué he de optar por la desesperanza, por la negación del otro en vez de optar por la sanación y construcción de Humanidad?

La apuesta constructiva por cultivar la esperanza en el mundo

He sostenido que el sufrimiento nos puede convertir en personas más sensibles frente a los dolores humanos que requieren de todo nuestro ser solidario, amor y hermandad para erradicarlo. Podemos, entonces, decidir que el sufrimiento sea constructivo al proponernos superarlo, poniéndonos en el lugar del otro y otorgarnos, así, una nueva oportunidad de vivir plenamente junto con los otros. Se trata de tener esperanzas en el porvenir y de apostar por la dicha de la vida: apostar, siempre, por la esperanza de construir mañana como el que nos otorga el Nacimiento de Jesús en Barioná, a pesar de los sufrimientos que le esperan. A fin de cuentas es cultivar, presente y futuro, para los seres que amamos, para nosotros mismos y para la Humanidad.


https://goo.gl/ozWxAM

Estamos frente a una filosofía existencial personalista en la que el sujeto del conocimiento es el trayecto de la persona humana y sus convicciones que permitirán, posteriormente, humanizar o deshumanizar el mundo. El quehacer filosófico como “medicina del alma” me ha permitido, junto con el amor solidario de todos los que me rodean, cultivar y transitar el trayecto de la humanización del mundo, sin duda alguna.
Finalmente, en mi interpretación de las últimas páginas de Barioná como en la vida misma, he decidido apostar por el sentido del reencuentro con lo humano, por la esperanza y por la dicha de cultivar Humanidad en cada una de mis acciones.
Mi labor educativa está orientada a otorgar dichas herramientas filosóficas terapéuticas -de “medicina del alma”- en cada uno de los contenidos que me toca compartir con mis estudiantes. Y esa es mi más humilde invitación con este escrito: que entre todos construyamos un mundo con mayor Humanidad porque estamos definitivamente empeñados en sanar nuestras heridas sociales al promover -concretamente y con acciones- esperanza social para los sectores más vulnerables de nuestra sociedad y para nosotros mismos.
Muchas gracias por su gentil lectura. Hasta la próxima entrega.

Referencias bibliográficas:
(1)http://diosenlaliteraturacontemporanea.blogspot.com/2017/04/i-congreso-dios-en-la-literatura.html
(2) SARTRE, Jean-Paul; Barioná el hijo del trueno, Madrid, Voz de Papel, 2006.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

martes, 31 de octubre de 2017

No pasa un día en que no estemos, un instante, en el paraíso.

Toda obra humana es deleznable, afirma Carlyle, pero su ejecución no lo es. (...)
Al cabo de los años he observado que la belleza, como la felicidad, es frecuente. No pasa un día en que no estemos, un instante, en el paraíso. 
Los conjurados. Prólogo. Jorge Luis Borges, 9 de enero de 1985


Pablo Rodríguez-Osorio lee poemas en un acto en homenaje a San Juan de Ávila


 Pablo Rodríguez-Osorio, profesor titular de Filología Francesa de la Universidad de Castilla-La Mancha y miembro del comité científico del Congreso Dios en la Literatura Contemporánea ha participado en un acto en homenaje a San Juan de Ávila leyendo algunos de sus muchos poemas de tema religioso. Desde el proyecto le felicitamos por ello.




He aquí los sonetos:



        YA ESTÁS EN EL SITIAL

Ya estás en el sitial de los doctores,
de aquellos grandes santos que escribieron
sobre asuntos de Dios y se sintieron
de su palabra y obra servidores.

Humilde y docto Juan, pues tus amores
Creador y Criatura siempre fueron
juntamente los dos te descubrieron
cuán dulces del Amor son los sabores.

Amaste con pasión y amaste tanto
que de Amor te nutriste, dulce santo.
¡Viviste tan sencillo, con tan poco!

De solo Amor es fruto tu escritura:
al hombre, a quien quisiste con locura,
a Dios, a quien quisiste como un loco.
       


     DULCEMENTE AL AMOR

Dulcemente al amor la cruz me llama
y al pleno amor me invita la figura
clavada sobre ella, la dulzura
del Amor que, sufriendo, amor reclama.

Está clavada en ella porque me ama
como se ama al amado, sin mesura,
con una gran pasión hecha locura
que quema mis entrañas con su flama.

Mirándote, Señor, todo me invita
al amor hacia ti, en la madera
colgado por mi amor; si yo te amara

como me amas Tú a mi… Que sea maldita
mi mano y que mi lengua, toda, entera,
se pegue al paladar si te olvidara.

                  
          POR EL AMOR A DIOS

Por el amor a Dios al hombre amaste,
y sentiste al hacerlo que encendida
por ascuas de su amor quedó tu vida
y en su amoroso fuego te abrasaste.

Te diste enteramente, te entregaste
de tal manera a Él que malherida
quedó tu intensa llama, consumida
por tanto amor que al hombre dispensaste.

Bendito y pobre Juan. ¡Qué pequeñuelo
te hiciste ante los tuyos! Tu pobreza
enriqueció tu vida luminosa.

Tu llama sigue siendo un gran consuelo
porque si acecha al alma la tristeza
presta está a iluminarla, generosa.



                      MAESTRO EN LA HUMILDAD

Maestro en la humildad, todo tu empeño
en ser pobre y sencillo lo has logrado;
no queriendo ser nada has indicado
el camino hacia Dios siendo pequeño.

Pues siendo tú su siervo y Él tu dueño
a alabarlo en tus obras te has prestado,
y con tu vida santa has demostrado
que la nuestra sin Dios es sólo un sueño.

Tu doctrina ejemplar, tu magisterio,
almodoveño ilustre, han distinguido
tu sien con el laurel de la victoria.

Tus libros, tu oración, tu ministerio
de maestro a doctor te han ascendido:
eres de España y de la Iglesia gloria.

                  

            Pablo Rodríguez-Osorio

lunes, 30 de octubre de 2017

Esbozo de una fenomenología de la presencia de Dios en la literatura contemporánea


 En la tertulia del Ganivet del pasado 28 de octubre (tertulia mensual en el Hotel Ganivet abierta a cualquier persona interesada en las letras y las artes) se planteó un esbozo de la fenomenología de la presencia de Dios en la literatura contemporánea a partir del reciente congreso celebrado en Madrid (19-21 de octubre). A continuación ofrecemos el esquema de ese esbozo, que es provisional y se ofrece como documento para el debate.


Esbozo de una fenomenología de la presencia de Dios en la literatura contemporánea
Dios puede ser negado, dudado, aceptado, creído, adorado… Y todas esas actitudes, todas esas posibles relaciones entre el hombre y Dios se hacen presentes en la literatura. No solo se hacen presentes: la literatura es un escenario privilegiado para contemplarlas. Porque la literatura es voz y palabra escrita. Palabra indicadora, persuasiva, convulsiva, envolvente.  La literatura, que posee sus máscaras, es sin embargo más libre que el discurso académico. Los autores escribiendo en primera persona, en tercera, en el desdoblamiento dramático, en verso o en prosa, gozan más libertad para decir lo que quieren decir. No es, por tanto, que la literatura sea un espacio donde también pueda contemplarse las relaciones del hombre con Dios, entre sí y con el mundo, sino que, probablemente sea el espacio privilegiado para hacerlo.

Ateísmo, agnosticismo, teísmo: rechazo y búsqueda
Ateísmo
Miguel Ángel López Muñoz Dios en la poesía teológica-política de Xosé María Álvarez Cáccamo.
Filosofía inmanente
Antonio Barnés: Lo divino en la poesía de Borges.
Iconoclasia
Alexandra Bazhenova-Sorokina: Iconoclasia en la obra de Alan Moore y Philip Pullman: Dios cruel o impotente. 
Juan Agustín Mancebo  Houllebecq: Dios.
Inmanencia romántica
Miguel Alarcos: Dios como presencia o como trasfondo en el Cántico poético de Jorge Guillén".
Rosario Paniagua Fernández Dios en Juan Ramón Jiménez.
Sergio Navarro Ramírez Un dios perdido: contemplación y exilio en la poesía de Claudio Rodríguez.
María Antonia García de León El yo conquistado (una épica existencial)
Deus absconditus. Simbolismo.
Francisco J. Palenzuela: "Simbolismo y nostalgia de Dios en El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry.

Realidad virtual y trascendencia
Santiago Sevilla: La realidad virtual y la creencia en la trascendencia en Philip K. Dick.

Inspiración, creación literaria, lenguaje
Inspiración
Javier García Gibert: El 'sembrador de estrellas' que soñó Antonio Machado". 
Personajes
Federica Bergamino: "Dostoevsky y el Dios escondido".
La lengua de Dios
Izara Batres: Sublimación del dolor y comprensión de Dios a través de la poesía.
Aforismo
Twitter: ¿Una nueva era del proverbio?

Literatura y mal:
Francisco García Jurado: "Joan Perucho y la dama Egeria: Dios, la belleza y el misterio del mundo".

Literatura y evangelio
Angelo Valastro: “A veces Dios mata a los amantes”: la lírica de Alda Merini.
María Fernanda Guevara-Riera: "El misterio de la Navidad en Barioná, hijo del trueno de Jean-Paul Sartre".
Ignacio Roldán: ...porque por fin, Amado Mío, / te has entregado para siempre en mí. La locura del amor divino en la poesía de José Luis Appleyard.
Gabriel Insausti: Los poemas navideños de Joseph Brodshy.

Literatura y conversión
            Conversión súbita:
José María Contreras Espuny Las particularidades genéricas y narrativas de los testimonios autógrafos de conversión súbita (Paul Claudel, Manuel García Morente y André Frossard). /
            Conversión gradual
                        Chesterton
José Ignacio Peláez Un análisis del epistolario Elena Fortún-Carmen Laforet (1947-1952). De la amistad literaria a la amistad espiritual: una conversación sobre Dios.
                        Ángeles Varela: La mujer nueva y la nueva Carmen Laforet.

Literatura y oración
Gerardo Diego

Poesía religiosa y mística
Beatriz Villacañas: Cuando el Amor se oculta y se revela: Dios en la poesía de Juan Antonio Villacañas.
Isabel Díez: Revelaciones líricas (Epístolas).
Pablo Rodríguez-Osorio: Loando a Dios con rimas y con versos. 
Fernando Arredondo Dios en la poesía de Joaquín Antonio Peñalosa y en las mujeres mexicanas de la mitad del siglo XX. /

Literatura y liturgia católica

José Manuel Albujer Pérez Autores contemporáneos en la liturgia de la Iglesia Católica.

viernes, 27 de octubre de 2017

La idea atea por excelencia es la idea de progreso, que es la negación de la prueba ontológica experimental, puesto que implica que lo mediocre puede producir por sí mismo lo mejor (Simone Weil)


El materialismo ateo es necesariamente revolucionario, ya que para orientarse hacia un bien absoluto aquí abajo hay que emplazarlo en el futuro. Para que el avance sea completo, hay necesidad, pues, de un mediador entre la perfección venidera y el presente. Ese mediador es el jefe: Lenin, etc. Éste es infalible y perfectamente puro. Cuando el mal pasa por él, se vuelve bien.
O bien se es así, o bien se ama a Dios, o bien se queda uno a merced de los pequeños males y los pequeños bienes de la vida cotidiana.
El vínculo que hay entre el progreso y un bajo desarrollo (puesto que lo que una generación puede proseguir en el punto en que la anterior se detiene es necesariamente externo) es un ejemplo del parentesco que existe entre la fuerza y la bajeza.
El gran error de los marxistas y de todo el siglo XIX fue creer que andando, andando, iban a subir por los aires.
La idea atea por excelencia es la idea de progreso, que es la negación de la prueba ontológica experimental, puesto que implica que lo mediocre puede producir por sí mismo lo mejor. Ahora bien, toda la ciencia moderna concurre a la destrucción de la idea de progreso. Darwin destruyó el espejismo de progreso interno que se daba en Lamarck.
La teoría de las mutaciones no deja que persista otra cosa que no sea el azar y la eliminación. La ciencia energética plantea que la energía se degrada y nunca se incrementa, y esto mismo se aplica a la vida vegetal y animal.
La psicología y la sociología no serán científicas sino en la medida en que hagan un uso análogo de esa noción de energía, uso que es incompatible con cualquier idea de progreso, y sólo entonces resplandecerán con la luz de la verdadera fe.



Únicamente lo eterno es invulnerable al tiempo. Para que una obra de arte pueda ser admirada siempre, para que un amor o una amistad puedan durar toda una vida (incluso tal vez mantenerse puros durante un día entero), para que determinada concepción de la condición humana pueda seguir siendo la misma a través de las múltiples experiencias y las vicisitudes de la fortuna es preciso que del otro lado del cielo descienda una inspiración.
Un futuro completamente imposible, como el ideal de los anarquistas españoles, degrada mucho menos y difiere mucho menos de lo eterno que un futuro posible. Ni siquiera llega a degradar, a no ser por el espejismo de su posibilidad, Si está concebido como imposible, entonces lleva a lo eterno.
Lo posible es el lugar de la imaginación, y, por consiguiente, el de la degradación. Hay que querer o bien lo que existe en concreto, o bien lo que no puede existir en absoluto, o mejor ambas cosas, Lo que es y lo que no puede ser están, ambos, fuera del devenir. El pasado es, siempre que la imaginación no se recree en él con ocasión de que algo lo haga nacer en su pureza, tiempo con tintes de eternidad. En él, el sentimiento de la realidad es puro. Ése es el puro gozo. Eso es lo bello, Proust.
Al presente estamos sujetos. El futuro nos lo forjamos en nuestra imaginación.
Sólo el pasado, siempre que no nos lo forjemos nosotros, es realidad pura.
Por su propio curso, el tiempo desgasta y destruye lo que es temporal. De ahí que haya más eternidad en el pasado que en el presente. El valor de la historia bien entendida, análogo al valor del recuerdo de Proust. De tal manera que el pasado nos presenta algo que a la vez es real y mejor que nosotros, y que puede despedirnos hacia arriba, cosa que él futuro no hace jamás.
Pasado: lo real, sí, pero completamente fuera de nuestro alcance, hacia lo que no podemos dar ni un paso, hacia lo que tan sólo podemos orientarnos para que nos llegue una emanación suya. Es, en ese aspecto, la imagen por excelencia de la realidad eterna y sobrenatural. ¿Es por eso por lo que en el recuerdo como tal hay gozo y belleza?
¿De dónde habrá de venimos a nosotros, que hemos ensuciado y vaciado el orbe entero, un renacimiento? Únicamente del pasado, siempre que lo amemos.
Los contrarios. Hoy se sienten ansias o asco del totalitarismo, pero casi todos aman un totalitarismo y odian otro.
¿Hay siempre identidad entre lo que se ama y se odia? ¿Se da siempre la necesidad de amar aquello que se odia bajo otra forma, ya la inversa?
El espejismo constante de la Revolución consiste en creer que si a las víctimas de la fuerza, que son inocentes de las violencias que se producen, se les pone en las manos esa misma fuerza, la utilizarán justamente. Pero con excepción de las almas que se encuentran muy cerca de la santidad, las víctimas están mancilladas por la fuerza como lo están sus verdugos. El mal que se halla en la empuñadura de la espada se transmite a la punta. Y las víctimas, así encumbradas y ebrias por el cambio, acaban haciendo un daño igual o mayor, y pronto vuelven a caer en lo mismo.
El socialismo consiste en poner el bien en los vencidos, y el racismo en ponerlo en los vencedores. Pero el ala revolucionaria del socialismo se sirve de quienes, aunque nacidos abajo, son vencedores por naturaleza y por vocación, de manera que desemboca en la misma ética.
El totalitarismo moderno es al totalitarismo católico del siglo XII lo que el espíritu laico y francmasón al humanismo del Renacimiento. Con cada vaivén, la humanidad se degrada.
¿Hasta dónde llegará?
Después del hundimiento de nuestra civilización, una de dos: ó perecerá por completo, como las civilizaciones antiguas, o se adaptará a un mundo descentralizado.
De nosotros depende, no ya la quiebra del centralismo (pues automáticamente se hace una bola de nieve que acaba en catástrofe), sino la preparación del futuro.
Nuestra época ha destruido la jerarquía interior. ¿Cómo va a dejar que subsista la jerarquía social, que no es más que una imagen grosera de aquélla?
No podrías haber nacido en otra época mejor que ésta, en la que todo se ha perdido.

Simone Weil: La gravedad y la gracia. Del capítulo "La armonía social". 

jueves, 26 de octubre de 2017

Un soneto cerró el I Congreso Internacional "Dios en la literatura contemporánea"

Pablo Rodríguez-Osorio, ponente del I Congreso Internacional "Dios en la literatura contemporánea" escribió un soneto al hilo de una comunicación sobre Juan Ramón Jiménez leída en el congreso. El soneto, inspirado y escrito en el congreso, fue el broche de oro de las tres jornadas del foro, y se leyó justo antes de la clausura.


BUSCASTEIS A DIOS

    (A SAN JUAN DE LA CRUZ Y JUAN RAMÓN JIMÉNEZ)

Buscasteis a Dios, y sus latidos
sentisteis latir en la escritura,
que se hizo melodía y partitura
en vuestros corazones bien-heridos.

En vuestros versos, del amor nacidos,
en la suma pureza, en la más pura,
la tinta está de Dios, que siempre cura
nuestras almas y cuerpos doloridos.

Sois Juan y Juan Ramón pura poesía
que fue, junto con Dios, el solo anhelo,
la esencia celestial de vuestro ser.

Os seguiré leyendo cada día
en el azul del mar, azul de cielo,
azul de Fontiveros, de Moguer.

Pablo Rodríguez-Osorio
                                      20 de octubre de 2017

A modo de exégesis

         La posición de “y sus latidos” permite entenderlo también como objeto de “buscasteis”, lo cual es pertinente, pues el hombre, alma y cuerpo, necesita espíritu para su alma y corazón corporal para su cuerpo. Esto es posible en el cristianismo porque el Verbo se ha hecho carne y la Virgen está en cuerpo y alma en el cielo.
         La metáfora de la escritura como corazón es preciosa por cuanto evidencia que no es solo letra, sino también espíritu. La letra se hace música, nueva magnífica metáfora que recoge la tradición pitagórica y platónica de la armonía universal como melodía, al tiempo que convierte a los lectores-buscadores (San Juan y Juan Ramón) en músicos, que saben leer una partitura a la vez que interpretar un instrumento o, sencillamente, cantar.
         De corazón a corazón, del corazón de Dios (sus latidos) al corazón de los lectores-amadores San Juan y Juan Ramón (en quienes podrían reconocerse también los lectores del soneto). Corazones bien-heridos. La metáfora de la herida de amor es antigua. A veces esa herida es mortal (como la de Dido) ante la huida del amante; otras veces es curable (tal la de la amada del Cántico espiritual, pues se reencuentra con el Amado). De este tipo es la herida del cuarto verso del soneto, de ahí que el poeta escriba bien-heridos.
       La escritura poética nace del amor en un contexto de pureza (eco del Vino primero pura de Juan Ramón). La tinta es de Dios: espléndida metáfora de la inspiración, tan cara a la tradición grecolatina y a la bíblica-cristiana. Es una tinta terapéutica, pues no es otra cosa que la gracia, que sana y eleva la naturaleza humana herida por el pecado. Pecado que inhiere en el alma y el cuerpo, coprincipios esenciales al ser humano.
       Como buen soneto, no desvela sus cartas hasta el final. Y en el primer terceto aparece el nombre de los poetas. De nuevo el “pura”. Dios y poesía, haz y envés del anhelo de los poetas que, al escribir desde sí y para sí escriben para Dios. La poesía es un diálogo del poeta con el Poeta.
       Finalmente el poeta desvela su yo (os seguiré leyendo) y se repite tres veces el adjetivo azul, que aúna, en quiasmo, el mar de Moguer y el cielo de Fontiveros, a un tiempo que se evoca a Dios (el Dios es azul de Juan Ramón) y el azul del Cielo divino. Ese triple azul puede sonar a oídos cristianos un eco de la Trinidad.


Antonio Barnés